¿Qué es la psicoterapia constructiva (o constructivista)?

Esta pregunta me la suelen hacer tanto colegas como consultantes cuando digo que trabajo desde estas terapias. Probablemente ya te habrás dado cuenta que, a diferencia de cómo está formulada la pregunta inicial que sirve de título a este posteo, ahora estoy hablando de terapias, en plural. Pues sí, porque estamos hablando de una familia de modelos de psicoterapias y no de un único modelo que puede ser asociado a un solo autor o linaje de autores.

Partamos desde el principio. El constructivismo es una posición filosófica. Una forma de entender la vida y la existencia humana. No es un movimiento filosófico o escuela, sino una posición que asumirán diversos filósofos de diversas épocas, corrientes y escuelas a lo largo de la historia. En el siglo XX, no sólo filósofos, sino también científicos.

Lo que viene a asumir el constructivismo es que la realidad es una construcción. Es decir, que los seres humanos no captamos la realidad tal cuál es, sino que siempre la estamos organizando activamente a través de cómo la interpretamos desde nuestros sentidos, nuestras creencias, nuestra cultura. ¿Te acuerdas de la película Matrix? Pues eso mismo. Allí los seres humanos vivían atrapados como esclavos en una realidad ilusoria creada por las máquinas. La realidad era programada a través de un código para ser experimentada por los seres humanos. En otras palabras, la realidad era un código de programación y las experiencias humanas nada más que una suerte de interfaz de usuario resultante de dicho código.

Pues bien, el constructivismo en ningún caso dice que vivimos atrapados en un mundo ilusorio creado por las máquinas para esclavizarnos (o por ningún otro ente conspiranoico), como el caso de la película. Lo que sí dice es que simplemente no captamos la realidad tal cual es, sino que la organizamos a partir de una serie de procesos: nuestra biología, nuestra cultura, nuestras creencias, nuestras formas de emocionarnos y relacionarnos con los demás y el mundo, nuestro lenguaje, todas formas que hemos desarrollado y aprendido a lo largo de nuestra historia. En otras palabras, nuestras formas de atribuir significado.

Pero ¿qué tiene que ver todo esto con la terapia? Bueno, qué tal si te digo que el estado de malestar o sufrimiento en el que nos podemos encontrar en un momento dado de nuestra vida depende de cómo estamos construyendo nuestra realidad en ese momento. En otras palabras, ¿qué procesos (psicológicos, relacionales y sociales) estamos o se están poniendo en juego para construir esa realidad en la que el malestar tiene sentido?

Básicamente a lo que nos invitan las psicoterapias constructivistas es a analizar cuáles son los procesos que se están desplegando para construir la realidad de malestar. Cuáles son los significados allí presentes. Estos procesos dependen de la forma en que sentimos y vivenciamos afectivamente un determinado acontecimiento; de nuestras creencias, a partir de las cuales nos decimos cosas a nosotros mismos; de nuestros constructos personales (conceptos idiosincráticos que utilizamos para describirnos a nosotros mismos, a los demás y al mundo, guiando nuestro actuar a partir de ellos en términos de valores o características personales); de nuestras historias personales, nuestras narrativas; y de la forma en que actuamos con los demás en relación con los acontecimientos.

Todos estos procesos no ocurren sólo en la mente o cabeza de cada uno de nosotros en particular, sino que dependen de procesos sociales de la cultura en la que nos hemos desarrollado. Por ejemplo, me imagino que has oído hablar de que los esquimales son capaces de distinguir hasta 3 o 4 tipos de blanco, no porque tengan un aparato visual distinto al resto de nosotros, sino porque han sido socializados en un ambiente natural y en una cultura que les permite hacer esa distinción. Me imagino que también estarás familiarizado con el debate feminista –tan en boga hoy en día– en el que se discute sobre los roles de género que han sido impuestos tanto a hombres y mujeres por la cultura patriarcal. Pues bien, es así como la cultura nos socializa con formas de vivir los afectos, con determinadas creencias y constructos que utilizamos para interpretarnos a nosotros mismos, a los demás y al mundo, con meta-narrativas (formas en que las historias personales pueden construirse, por ejemplo, definiendo cómo es una historia vital de éxito o fracaso), con formas de actuar ante determinadas situaciones, etc. Estos procesos de socialización no sólo ocurren en el nivel macro-cultural, sino que también a un nivel más micro, en los distintos grupos sociales en los que nos desenvolvemos (familia, amigos, colegas, etc).

Lo que hacen las terapias constructivistas es poner sobre la mesa todos estos procesos, analizando con la persona o personas que consultan (parejas, familias) cómo a través de ellos se está construyendo la realidad en donde el malestar cobra sentido. Con ello, estos procesos que nos llevan a atribuir significado de una determinada manera se trivializan y relativizan, se “des-automatizan” (se deconstruyen). A partir de ahí, comienzan a abrirse espacios para nuevas formas de construcción.

Es aquí donde el nombre “constructiva” cobra sentido, ya que a medida que se van comprendiendo los procesos de construcción que dan forma al malestar, al mismo tiempo, se van considerando nuevas formas de construcción en términos de soluciones y nuevas posibilidades. Es decir, formas de construir nuevas realidades positivas para la vida de las personas desde sus propios recursos, conocimientos y habilidades.

El constructivismo como posición filosófica influyó a diversas escuelas de psicoterapia, surgiendo con ello modelos constructivistas cognitivos, experienciales y sistémicos. Por eso hablé en un principio de terapias constructivistas, en plural. Pues bien, cada uno de estos modelos (dependiendo de su tradición teórica) pone énfasis en cierto(s) proceso(s) de construcción por sobre otro(s). Quienes decimos que trabajamos desde la terapia constructivista o constructiva (en singular), integramos elementos de trabajo de las distintas terapias constructivistas. Personalmente, trabajo desde un Modelo Constructivista Integrador que considera los diversos procesos de construcción de significado en su conjunto (debo aclarar que también trabajo desde la terapia narrativa, un tipo particular de terapia constructivista. Pero eso es materia para otra entrada).

Algo que se desprende de esta forma de trabajar es que los terapeutas constructivos no buscamos aleccionar o educar a nuestros consultantes. Para el constructivismo, como todo conocimiento es una construcción, no tenemos la verdad sobre nada, sólo puntos de vistas más o menos válidos, más o menos viables para explicar lo que vivimos. En este sentido, velamos para que en la conversación terapéutica se puedan construir nuevas realidades positivas para la vida de las personas, desde sus propios conocimientos acerca de sí mismos, del mundo y de la vida, desde sus propios recursos, habilidades y fortalezas.

Aquí puedes pensar “pero si yo no tengo ninguna habilidad o fortaleza”. Bueno, eso podemos entrar a analizarlo y ver desde dónde estás construyendo esa afirmación y buscar esos recursos personales en tus propias historias que hasta ahora te han pasado desapercibidos.

Otro principio que se desprende de los supuestos constructivistas es que, si todo conocimiento e incluso toda realidad es una construcción, entonces, no existe una única “verdad”, sino que múltiples “verdades” conforme existen múltiples perspectivas o interpretaciones para concebir un mismo fenómeno. Esta postura nos lleva, por tanto, a reconocer la diversidad, la pluralidad de perspectivas, algo que en filosofía se ha llamado pluralismo. En este sentido, la terapia constructivista es pluralista, ya que reconoce que lo que ayuda a una persona no es igual a lo que ayuda a otra (incluso para el mismo problema). Es más, lo que fue de ayuda en un período de la vida de una persona puede no serlo más adelante. Es por esto por lo que el terapeuta constructivista está siempre explorando en conjunto con la persona las cosas (de la terapia) que están sirviendo y aquellas que no. Con esto la terapia se va co-construyendo momento a momento desde lo que es de ayuda para la persona que consulta en una relación democrática, transparente y colaborativa.

Bueno, hasta aquí lo que es la psicoterapia constructivista. En futura entregas puedo ir explicando más cosas. Si te apuntas a este viaje como consultante, estaré encantado de acompañarte. Por qué no, quizás llegamos a encontrarnos con el arquitecto de la matrix.

Danilo Moggia, PhD.

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